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Medicina Universitaria
2006;8(32):201
Voces de médicos y pacientes
Jesús Garza Pérez*
Fue el francés Jean Henri Fabre
(1823-1915), en sus estudios sobre el
instinto y las cos¬tumbres de los
insectos, quien sacudió a mi dormido
filósofo y lo puso a pensar: ¿hay acaso
una inteligencia externa? Porque la
tienen los insectos, los reptiles, los
mamíferos, los vegetales, el ser humano
y el mundo cuántico, así como también la
tienen la infinidad de vidas que
desconocemos y entre las cuales me
pregunto: ¿habrá una inteligencia
independiente?
En su libro Recuerdos Entomológicos,
Fabre nos habla del bupresticida
Cereceris Tubérculo, un sabio asesino.
Este himenóptero sujeta a su presa o
víctima obligándola a recibir su ataque
tendida de espaldas (ciertos gorgojos
Cleonus Ophtalmicus), para entonces
introducirle su aguijón una sola vez e
inyectar así la sustancia química que
paraliza a la víctima por la
ar¬ticulación del coselete, entre el
primero y el segundo par de patas,
afectando a los tres ganglios torácicos.
Como si conociera la anatomía de su
víctima no la priva de la vida, este
sabio asesino la preserva para
merendársela más tarde.
Y empecé a preguntarme ¿en qué escuela
estu¬dió este escarabajo la química
tóxica para hacer la combinación
venenosa correcta para afectar aquella
neuroanatomía? Lo más sensato fue
considerar que existe una inteligencia
externa que está operando, de manera
independiente de la nuestra como seres
humanos y de la inteligencia del
escarabajo, de la inteli¬gencia de la
coralillo, o de la de un alacrán o
cualquier otra forma de vida biológicas.
Es más, iría más lejos aún, para mí, en
todo hay vida, la hay en las piedras, en
los minerales y hasta en las energías
atómicas o subatómicas. Me refiero a que
existe esa inteligencia que sigue un
plan, que es el de la evolución y la
invo¬lución, el de la expansión y la
contracción; no le podría llamar Dios,
excepto que definiéramos a Dios como el
TODO, el creador y lo creado y que
incluye también lo constructivo y lo
destructivo y más. Pero luego vendría
otra pregunta interesante, ¿lo que
pensamos realmente será obra nuestra o
formamos parte de una inteligencia
global que nos hace creer que pensamos
independientemente y simplemente somos
partículas que creen ser independientes,
instrumentos de una inteligencia
superior en la que estamos inmersos y
que, sin embargo, lleva su propio
destino. La verdad, para mi, es que así
es. Ya se que la mayoría me lo refutará.
Somos pequeños gusanillos repletos de
soberbia. Nos creemos independientes y
formamos parte de un todo que tiene su
propio plan.
Es posible que tengamos algo de
independencia y que también se nos haya
dado cierta capacidad para modificar
algo nuestro destino pero, aun así, era
nuestro destino llevar a cabo esa
modificación. La mayoría sigue el camino
de estar inconscientes y ser una
marioneta pseudoconsciente de su
destino. Quizá a lo que podemos aspirar,
es a creer que sabemos algo sobre la
vida fuera y dentro de nosotros mismos.
Con todo, vale la pena vivir y llegar a
tener chispa de entendimiento.

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